Un ictus, también llamado accidente cerebrovascular o infarto cerebral, es un bloqueo repentino de la circulación cerebral por las arterias de una determinada zona del cerebro (1). Representa la segunda causa de muerte en nuestro medio (la primera en la mujer), una de las principales causas de discapacidad permanente en el adulto y la segunda causa de demencia tras la enfermedad de Alzheimer. Traducido a cifras, afecta cada año a unos 120.000 – 130.000 españoles (2). Es la causa más frecuente de daño cerebral adquirido (80% de los pacientes).
Los ictus pueden ser:
- Isquémicos: si aparece detención de la circulación cerebral durante un tiempo mayor a 24 horas, por ejemplo por coágulos.
- Hemorrágico: las arterias de una determinada zona se rompen y la sangre se extravasa. (1)
Síntomas para detectar un Ictus:
Tanto Sociedades Científicas como Asociaciones de Pacientes han diseñado campañas para intentar dar a conocer los síntomas y que se pueda poner un tratamiento lo más temprano posible y así reducir las secuelas. Algunos de los síntomas más comunes, importantes de conocer son:
- Pérdida repentina de la fuerza en las extremidades de un lado del cuerpo (brazo, pierna, cara).
- Alteración repentina en la sensibilidad (“acorchamiento”, hormigueo”) en cara, brazo y/o pierna de un lado del cuerpo.
- Dificultad repentina para hablar, expresarse o comprender el lenguaje.
- Pérdida súbita de la visión de uno o ambos ojos.
- Dolor de cabeza súbito, de alta intensidad y sin causa aparente.
- Sensación de inestabilidad o desequilibrio bruscos, en especial si se acompaña de algunos de los anteriores.
En cualquiera de estos supuestos, y aunque los síntomas hayan sido transitorios y pasajeros, es de vital importancia acudir al hospital, puesto que algunos tratamientos sólo pueden llevarse a cabo en un corto periodo de tiempo tras el inicio de los síntomas, en concreto en las primeras 4 horas. (2)
Secuelas tras sufrir un ictus:
Tanto en el ictus isquémico como en el hemorrágico, la zona dependiente de esa circulación sanguínea acaba sufriendo necrosis, "muere", por lo que deja de realizar su función (movilidad, lenguaje, memoria, etc).
La magnitud de las secuelas va a depender de la zona afectada (cerebro, cerebelo, tronco del encéfalo), del tamaño que abarque dicha afectación y del tiempo que tarde revertirse el ictus.
A modo de resumen, las secuelas se pueden dividir principalmente en tres grandes grupos:
Físicas: motoras y sensitivas. El paciente deja de percibir o pierde la movilidad total o parcial en una parte de su cuerpo. Pueden aparecer también alteraciones cerebelosas o en los pares craneales (pérdida de parte del campo visual, dificultad para tragar líquidos y alimentos, alteración del habla por dificultad en la movilidad de la musculatura oro-facial y lingual, etc.).
Cognitivas: alteraciones neurocognitivas (orientación, atención, memoria, organización, planificación, capacidad de tomar decisiones), alteraciones lingüísticas (afasias, cuando no puede expresarse hablando).
Conductuales: se exacerba el carácter previo del paciente o se producen cambios bruscos en su personalidad, afectando a sus relaciones afectivas y socialessociales. (1)
Bibliografía:
1. Moliner B. El ictus en tiempos del COVID. Mayo 2020
2. Mateos V. ¿Qué es un ictus? Disponible en:
Jorge Gómez Ferrero.
Neuroterapeuta Ocupacional.
Más info: 622498596

No hay comentarios:
Publicar un comentario